viernes, 19 de septiembre de 2014

Síndrome del 31 de diciembre.

Se levantó de la cama con una resaca increíble. Hacía tiempo que la vida no le sonreía, pero tampoco ella le dedicaba a la vida ni un leve gesto de simpatía.
Miró alrededor y vio que su apartamento estaba demasiado desordenado incluso para ella. Dos semanas atrás, las fotos con él y los viejos recuerdos de los años de instituto con los colegas habían encontrado un lugar mejor en una caja vieja bajo la cama.
"Síndrome del campamento de verano", decían. Rió de sólo pensarlo. A ella le gustaba más llamarle el "Síndrome del 31 de diciembre". En fin de año, todos miran atrás y escriben palabras sobre lo diferentes que son las cosas del año anterior, lo raro que se siente todo, lo poco que se imaginaban que el año acabaría así. Y vuelta, "el mejor año de tu vida", pero saben que no lo será.
Así se sentía ese día. La ropa estaba por el suelo, los marcos vacíos, salvo unos cuantos con un par de fotos con nuevos amigos que de momento no le aportaban más que un par de horas de diversión, y unos discos de rock ochentero tirados en la cama después de haberles dado demasiadas vueltas.
¿Cómo había llegado a ese punto? Cierto era que hacía un par de años, no se habría imaginado estar dónde estaba.
Hacía dos días había llegado de Chicago, ciudad que le traía demasiados buenos recuerdos. De todas formas, como en un buen 31 de diciembre, todo se notaba cambiado. Quizás el viejo barrio había cambiado, o sus vecinos habían repintado la fachada de la casa, aunque juraría que su ciudad natal no era lo que estaba distinto. Su vida era distinta.
No había nadie de los de antes. New York, Los Angeles, Seattle, Miami. Cada uno había escogido su propio camino, y en la ciudad se respiraba un aire diferente. Ella había acabado en Detroit hacía un año, cansada de vagar de estado en estado, buscando un verdadero hogar dónde quedarse. Pensó haberlo encontrado, cuando ese chico con pintas de motero se ganó un sitio en su vida, o más bien, llenó su vida, pues estaba vacía. Por desgracia, no funcionó. Pero estaba harta de huir, de nunca sentirse en casa, y decidió que allí se quedaría. Sin embargo, con la intención de hacer un último viaje, su intento de volver a la ciudad que le había visto crecer, no había dado resultado.
Echaba de menos cómo dos años antes, seguía en contacto con todos los amigos de la infancia, y recordó con tristeza cómo las palabras se había ido haciendo escasas en esos últimos años, hasta que se hicieron nulas.
Por lo menos ver a papá y mamá, hacía las cosas más fáciles. Pasear por Navy Pier era algo que siempre le había relajado, así que también había aprovechado para hacerlo.
Aún así, de vuelta a su apartamento de Jefferson Avenue, encendió el último cigarro que le quedaba, y asomada al balcón supo que era el momento de darle un giro a su vida, y aceptar de una vez por todas que nada era como antes y el pasado no iba a volver. Supo que en medio de septiembre, también podía ser 1 de enero.

sábado, 15 de febrero de 2014

Soy así.

La vida no es una mierda: lección que cuesta aprender. La mierda son las personas.
Esos que por tener una gorra y jersey de marca creen que dominan el mundo, esos que te miran por encima del hombro porque no fumas la misma mierda que ellos, esos que se emborrachan cada sábado para después poder decir "ni me acuerdo de lo qué hice, pero fue un puto desfase".
La vida te da elecciones, o las tomas o las dejas, puedes ser un idiota, o conservar tu dignidad, aunque puedes ser las dos cosas, pero la dignidad será fingida. Por lo tanto la culpa no es de la vida.
La vida me ha dado muchos golpes, sí, pero los moratones siempre se blanquean, y cuantas más cicatrices quedan, más dura queda la piel. La vida te hace fuerte, para que luches contra esos que te creen débil.
Hace tiempo que dejaron de importarme las razones por las que la gente hace las cosas, y empecé a buscarme mis propias razones. Busqué hasta que me di cuenta de que lo poco que queda para siempre es mi madre, mi padre y mi hermano. Algunas amistades también valen oro, pero nunca sabes cuando el oro se va a oxidar. Los puñales vuelan, si no te apartas a tiempo, te marcan para siempre. 
Nunca callo lo que pienso, si no es por respeto, aunque algunos no lo merezcan, porque lo que piensen otros no me importa, yo tengo mis ideales, si no te gustan, gracias por haber venido.
Eso es lo que me han hecho las personas, no la vida. Han hecho que conserve un corazón bueno, pero ahora no abierto a todos, sólo a aquellos que lo cuidan, o a los que no les han dejado conservar el suyo. Que ahora ya no soy tonta, si con alguien puedo contar para todo, es conmigo misma y con mi conciencia, porque yo a mí no me engaño. Sé que tengo mis límites, sé que no soy perfecta, pero lo poco bueno que tengo, lo aprecio, y lo admiro, admiro la fuerza que tuve cuando nadie me la daba. Porque cuando estuve sola, o me quería o me hundía, y no, yo nunca seré el Titanic, ni por lujoso, ni por hundido.
Pero igual que mis virtudes, también sé mis defectos. Sé que quería demasiado, y ahora ya no me dejo querer. Sé que era muy obsesiva, y ahora paso de todo. Sé que lloraba sin motivo, y ahora me río en vuestra cara. Y hay muchos otros defectos que aún intento remediar, aunque no sea tan fácil, pero crezco día a día, que si no creces te encojen.
No intento aparentar ni lo que no soy, ni lo que no siento. Si no me gustas, lo sabes. Si te sonrío es de verdad. No voy a sitios pijos, ni me rodeo con gente de la que pueda fardar por su importancia. Prefiero un antro si es con gente de la que fardo por lo que me han demostrado.
No necesito que me admiren, ni que hablen bien de mí, me levanto todos los días por ver las sonrisas de esos que quiero, esas personas que se cuentan con los dedos de las que sí que quiero escuchar opiniones. 
Tampoco necesito que digan mierda a las espaldas, pero sé que eso es inevitable, ya que les importa mi vida, no sé por qué razón. Así que si eso les hace pasar un buen rato, adelante, que disfruten de mi vida real, que la suya es una farsa.
La mierda son las personas, la vida las pone en el camino para que aprendamos a reír y a pensar en nosotros, que ya va siendo hora. Qué la vida sí que ayuda, te dice lo que vales, te dice hasta dónde llegas, y hasta dónde puedes llegar. Te da varias opciones, tú eliges, pensar por ti mismo, dejar que otros piensen por ti. Luchar por tus sueños, dejar que otros te usen para luchar por los suyos.
Pero sólo yo me conozco, sólo yo sé lo que quiero, y mientras tenga un motivo, seguiré viviendo por mí y los míos, no por esos que me quisieron ver en el suelo, y lo único que consiguieron fue verme volar más alto, para verlos desde arriba como puntos, insignificantes.

viernes, 24 de enero de 2014

Qué ironía.

Irónico. A veces este mundo da risa. Risa de esa que te sale por no llorar.
Irónico que los que más tienen sean los que menos dan. Irónico que los que más tienen son los que más se quejan. Irónico que los que más tienen sean los que más pueden llegar a tener.
Irónico que una persona pobre necesite robar un trozo de pan para que su hijo pueda comer, y acabe en la cárcel teniendo que pagar miles para salir, y que un millonario robe millones, y ni siquiera llegue a estar en la cárcel.
Irónico que nos estén destrozando una de las pocas cosas buenas que teníamos, la sanidad. Irónico que una niña sea violada, y el cabrón que la deja embarazada tenga menos años de cárcel que ella si va a abortar. 
Irónico que una persona trabaje 14 horas al día haciendo esos playeros de marca que te compras por 80€, y que esa persona sólo se lleve 1€, mientras que un señor gordo con un puro está sentado en un sillón en su casa, pensando que se ha llevado 79€ por par gracias a la gran idea de ponerle un simbolito a los tenis que esa gente (que tiene explotada) está fabricando.
Irónico que niños de 10 años estén siendo educados para matar en algunos países, por las mismas personas que los separaron de sus familias, haciéndoles creer que no les estaban enseñando a ser lo suficientemente fuertes.
Irónico que adolescentes cometan locuras por el qué dirán. Irónico que alguien se corte las venas en un acto de desesperación, por culpa de otras personas que se subían su baja autoestima a costa de esa persona. Irónico que alguien se destroce la vida con las drogas por no ser menos que los demás, o porque es la única solución que les queda para evadirse.
Irónico que personas que te dicen que ayudes a los demás y que vivas en la humildad están viviendo con sueldazos en un palacio.
Irónico que esas personas que salen en la tele diciéndote que la crisis acabará pronto, estén pasándose sobres de mano en mano por debajo de dónde el objetivo de la cámara está enfocando.
¿Irónico, verdad? Tanto que parece mentira. Y ojalá lo fuera.