martes, 1 de octubre de 2019

Ganas.

Tengo ganas de que acabe la tormenta
y a la vez no tantas,
me gusta la calma en pequeñas dosis,
como cuando las nubes se disipan un par de segundos
para dar paso al trueno
que anuncia un poco más de lluvia.

Tengo ganas de volver
y al mismo tiempo de irme lejos,
ya lo dije siempre,
voy y vuelvo.

Tengo ganas de que me abracen muy fuerte
pero me aíslo ante una multitud
porque no me atrevo a darles el poder
de ahogarme.

Tengo muchas ganas de que salga todo bien
pero no las suficientes para lograrlo,
tengo más miedo que agallas,
estoy más perdida que el tiempo.

Empiezo a pensar que es porque
nunca tuve tantas ganas de que algo saliese bien
como las que tuve contigo.

Y mira tú.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Veintitrés vueltas al sol.

Tú dices que admiras
la forma en la que
cambio este mundo
hacia otro algo mejor.

Yo digo poco,
pero pienso mucho,
que admiro la forma 
en que eres capaz de crearle
significados nuevos
al que ya tenemos.

Le das vueltas a las cosas
como si fueran cubos de rubik
que a nadie le encajan
y consigues colocar cada pieza en su lugar.

Contigo aprendí
que estar en su lugar
no siempre significa que cada cara 
tenga un sólo color.

Te entretienes desordenándolo todo.

Y de alguna forma
pones orden
en cada unos de los caos
que tú misma creas.

Eres la única meiga
que he conocido
con verdadera magia,
pintas de forma abstracta 
los sueños ajenos
y los haces realidad en tu universo
un poco alterados.

No te alteras cuando la marea sube
porque sabes que,
de alguna manera,
siempre va a bajar
aunque no siempre 
la corriente vaya a tu favor.

Pero surfeas las olas
como si hubieras nacido
con el único propósito 
de poner los pies en la tierra
y tu mayor habilidad fuese 
simplemente
vivir.

Ojalá fueses consciente
de que cuando ríes
el aire se vuelve más ligero,
absorbes lo pesado
del día a día
lo que exhalan los que se han cansado
de cumplir la ley de esta ciudad.

Y lo conviertes en aire puro
para respirar
cuando se necesita aliento
de ese que no se encuentra
en cualquier barra de un bar.

Me apasiona tu manera de luchar.

Estoy harta de ver gente
luchando con otra gente
que lucha por no luchar más.

Y tú luchas contigo misma
para que tu interior decida seguir luchando
por llegar a algo
por lo que lucharías toda la vida.

Dijo un poeta
que la utopía sirve para caminar
y tú no la pierdes de vista.

Cómo me gustaría estar ahí
el día que alcances el horizonte,
porque sé que lo alcanzarás.

Y desde ese día
contaremos otros diez mil
y otros tantos si hace falta
para seguirnos el rumbo.

Sé que siempre hace falta un destino
y para llegar un mapa,
pero descubrí al seguir tus pasos
que hay huellas imborrables
y que uno de los mejores viajes de mi vida
va a ser acompañarte en el tuyo.

Así que avanza
y hazte gigante,
me encanta verte crecer.

martes, 27 de agosto de 2019

VIII.

Somos una panda de ilusos.

Creemos que escogemos el amor
y es el amor quién nos escoge a nosotros.

Puedes escapar y decir que no crees en él,
que el amor no existe,
que el corazón es sólo un músculo
y que ya te has cansado de utilizarlo.

Pero el amor existe,
creas
o no creas
en él,
igual que siempre existe el sol,
aunque en los días nublados de invierno
no asome,
y en el verano te ardan los rayos en la piel.

Puedes creer que no existe el sol,
pero no puedes evitar sentirlo
porque es real,
igual que algún día sentirás el amor
ardiendo en cada arteria de tu cuerpo
y no te quedará más remedio
que creer en él
y rezarle para que no te destroce.

Un día te pasará
y ese día,
perderás la batalla.

Porque el amor viene en avalancha
y te deja al descubierto,
a tiro de bala,
aunque no lo hayas llamado,
aunque te muevas por la vida
con la bandera blanca
de un alma con candado.
Te escoge y te ataca.

Y sientes libertad.
Al borde del abismo...
sientes libertad.
Ves tu reflejo en otros ojos
que captan partes de ti
que tus retinas no son capaces de ver.
Te inundas de miedo,
buscas a lo que aferrarte
y,
a veces,
hieres con las uñas cuando te agarras muy fuerte.

Aún así,
el amor sigue apostando por ti,
limpia las heridas,
perdona el daño,
y te hace ver que,
sólo cuando tengas la valentía
de saltar al vacío
sabiendo que puedes morir en el intento,
sobrevivirás al amor.

Así que cuando te pase,
salta.
Porque no tendrás nada más que hacer:
cuando el amor te escoge
no se pueden dar pasos hacia atrás,
es él quién pone las reglas del juego,
el más difícil al que jugarás en la vida.

Apuestes lo que apuestes,
entiende que el amor no mata,
mata el miedo,
el amor sólo asusta.

lunes, 1 de abril de 2019

IV.

Ya van tres meses de año
y los días pasan
como si quisiesen ganar una carrera.

Me siento tan pequeña
en algunos momentos,
pero unas velas me recuerdan
que ya va siendo hora de crecer.

Os siento tan grandes a mi lado y,
eso, 
supongo que me hace grande
a mí también.

Y es que no puedo concebir
una semana sin lunes
porque os tengo,
no puedo concebir
como cabe todo lo que lleváis dentro
en esta ciudad.

Tengo suerte
porque me faltan dedos
para contar vuestras verdades
que dicen que hay un cielo reservado
desde el día que nacisteis y,
sin pedirlo,
decidisteis guardarme un sitio.

No existen secretos,
ni dudas,
ni mentiras,
ni traiciones.

Tan sólo...
tan sólo existís,
sin querer,
queriendo
sin medida.

Rompiendo todas las barreras
de las calles por las que nos toca pasar.

Arriesgando todo a un número...
joder,
no sé cómo tardasteis tanto en acertar,
pero acertasteis de pleno.

Enseñándome que todo esto es mucho más
que un juego de niños:
es un maldito recreo
entero.

Peleándoos por ver quién abraza más fuerte,
pegando gritos que absolutamente nadie
quiere oír, 
soñando despiertos con cuatro universos
dónde reine vuestra ley,
tocando tambores rotos
que suenan a libertad.

Qué mundo de locos este,
y qué locos estáis 
por querer cambiarlo.

El mío ya lo lograsteis.

domingo, 3 de febrero de 2019

Tranquilo, sólo estoy temblando.

No sé qué tienes que,
a veces, me pierdo
en ti.
Y me pierdo cuando pienso en ti.
Y cuando te intento entender.
Y cuando te miro.
Y cuando sonríes.
Me pierdo muchas veces,
no sólo a veces,
para qué mentir.
Siempre me pierdo contigo.
Y te encontré justo
cuando dejaba de estar perdida.
Qué ironía.
Tú también te pierdes
en mí.
Aunque nunca lo admitas.
Y también me pierdes,
a veces,
muchas veces.
Porque me miras
y te da un poco de miedo
perderte.
Es que tienes todas las piezas que me faltaban
en otros puzzles,
y las que ya tenía,
todas un poco más desgastadas
por quién no supo juntarlas.
Desde que te conozco,
aprendí a ir despacio,
a inhalar sin prisa,
a expirar sin querer.
Nunca había temblado de tranquilidad,
hasta que te tuve cerca
y sentí libertad.
Me da miedo tu miedo.
Pero me sienta bien
tu intranquilidad.
Me devuelve a la realidad
y me aparta de la claridad de tus ojos.
Espero que algún día seas consciente
de que,
por una vez,
tengo razón.
Siempre supe,
que después de tantos puzzles,
este sí sabría a(r)marlo.



jueves, 13 de diciembre de 2018

Cambio.

Salir, beber, el rollo de siempre.
Hay extremos que son más duros que otros.
Crecí sin querer llegar alto
y me encuentro a veces a ras del suelo.

No podemos parar el tiempo
aunque queramos,
ojalá obedecieran los relojes,
pero ya no son horas.

Qué ganas de romper con todo
y deslizarme sobre los pedazos
de lo que aún está por ser,
para que el futuro sea más incierto.

Tengo muchas dudas
de si algo está intentando salir bien,
pero parece que la luna brilla
con un destello especial esta noche.
Por eso sigo despierta, 
esperando a que se apague su luz
y me deje dormir.

He vuelto a vaciar botellas
para llenar vacíos,
a ponerme el vestido
y salir a bailar.
Y encuentro lo mismo
que dejé en la pista
cuando salí de allí.

Nada ha cambiado tanto,
salvo yo.

jueves, 4 de octubre de 2018

Carretera del olvido.

Ya no tengo entre los dedos
las llaves que me salvaron la vida,
como a Benedetti.
Aún así me cuesta quitarme de los pulmones
el humo negro que cubre siempre esa ciudad.
No me olvido del camino de vuelta a casa,
el vecino en la ventana,
que no sé si sigue saludando.
Las cuatro brujas que me hechizaron,
cantan sin mí alrededor del fuego,
se reflejan las banderas
de un pueblo luchador
en cada llama.
No puedo olvidar los nombres de las calles
que recorrí lloviendo
para llegar a sitios de los que nunca me quise ir.
Recuerdo cada punto del mapa
donde construí cimientos
de edificios que nunca llegaron
a rascar el cielo.
Y en mi cabeza resuenan las cuerdas
de aquella guitarra que invocaba a Silvio
sobre las ruedas de un autobús destartalado,
comiéndose el ruido de los coches
que no paraban nunca
de correr,
y correr,
y seguir corriendo.
Y nadie se para a abrazar la soledad y la pausa.
Mientras yo no puedo parar,
porque mi cabeza sólo repite
y recuerda
lo que ya no es.
Quiere que vuelva a ser
e inventa futuros
en los que puedo vivir
en vez de no olvidar.
Pero lo que más me jode
es que, 
por mucho que lo intente
con todas las fuerzas que aún me quedan en el pecho...
no consigo
olvidarme de ti.