No nos dimos cuenta del momento en que crecimos y los marcos superiores de las puertas empezaron a ser, de pronto, alcanzables.
Crecimos felices, si le podemos poner algún adjetivo. Aunque el tiempo nunca acompañó del todo, el sol siempre decidió salir entre el estrés y las dudas de esos niños que jugaban a ser mayores. Qué le vamos a hacer si en nuestra tierra siempre vuelve a llover por mucho que escampe.
Fue difícil darme cuenta de que al escuchar Yellow en las noches vacías ya no me siento llena, porque ya no soy la misma. Y mi mente ya no puede convencer a los ojos para mantenerse más tiempo cerrados ante la realidad que hay delante.
Galicia se despide del verano entre colores de otoño, mientras aquí llega la primavera y, una vez más, son seis horas más de invierno. La tierra que pisaron los poetas parece tan distinta a todo lo que había conocido hasta ahora y me doy cuenta de que soy yo la que sigo cambiando. La que sigo creciendo.
Porque no me di cuenta en qué momento los viernes dejé de merendar bocadillos entre deportes y risas con personas que hace un tiempo pasaron a ser un vago recuerdo plasmado entre las fotos de un álbum. Ni fui consciente cuando empecé a estar disponible a horas intempestivas para coser los corazones rotos de mis amigos. Cuando dejé las gafitas rojas en un cajón y decidí que era momento de quererme y admirarme por todo lo andado.
No sé por qué desvié mi camino a océanos ajenos. Pero estoy orgullosa de ese camino.
Y empiezo a notar que, tal vez, de eso se trata. De no darse cuenta de los cambios. De no ser consciente de los pasitos que nos hacen crecer día a día. Para mirarte al espejo un día y que te golpee lo que ves. Para sentirte orgullosa al recorrer los rincones de la memoria y ver todo lo que hemos vivido.
Las personas de aquí, las de allá y las del otro allá. Las que importan. Dejémoslo en las que importan. Debo mil canciones sin nombre, mil cartas sin sello y mil abrazos sin dueño. Debo tanto. A ellas, a las que importan. Por todo lo que hemos vivido. Por caminar conmigo.
Tarea difícil. Caminar conmigo nunca fue fácil si el objetivo no era perderse. Pero no me gusta tener otro. Perdiéndome me encuentro y es lo que he hecho una vez más. He tenido que perderme para encontrarme, para encontraros a algunos en la distancia, para encontraros a otros en mi aventura.
Siempre dispuesta a perderme, hoy me encontré y decidí perderme otra vez entre palabras, pues no nos dimos cuenta de que crecimos. Volvemos un poco a lo mismo. No nos dimos cuenta de cuando cambiamos las lágrimas por poemas.
No me di cuenta de cuando me di cuenta de todo esto. Quizás crecí y ya no me quedaban lágrimas. Pero, allá donde esté, siempre quedarán letras.
viernes, 9 de septiembre de 2016
domingo, 14 de agosto de 2016
Efímera.
Sólo me quedas tú.
Y este folio virtual que no se acaba de llenar de palabras porque ya no me quedan.
Me gasté la tinta de cada bolígrafo con el que intenté escribir nuestra historia,
que permanecerá inexistente por no haberla escrito antes.
Nos faltó valor.
O dolor.
O ambas.
Y ahora nos sobran kilómetros y los regalamos por las esquinas
a los valientes que se atreven a escuchar nuestra odisea.
Cerrando bares, abriendo heridas.
Contando besos insípidos y versos escondidos bajo un vaso de vodka vacío.
No queda cerveza, me quedan cinco copas que intentan que mañana no me acuerde ni de ti.
Ojalá fuera tan fácil.
Ojalá la lluvia no me empapase de recuerdos efímeros.
Si eso es lo que somos al fin y al cabo,
efímeros.
Retales de tiempo perdido esperando encontrarnos,
con el único objetivo de perdernos otra vez en el desvío de una confesión nocturna.
Estamos condenados a avanzar hacia la nada
desde el día que lo quisimos todo,
pero no lo supimos mantener.
A nacer en un martes 13 y equivocarnos de día
para no tentar demasiado a la suerte porque aún no te conoce.
El día que lo haga dejaremos de andar con pies descalzos
que ya bastante mal nos va
sin pedirle al azar que nos joda más las cosas.
Confié en el amanecer otro domingo vacío para darle claridad a mis ideas
y ese día anocheció dos veces
para no darle oportunidad al sol de contarme tu secreto.
Por eso aún sigo preguntándome cómo haces que brille tanto tu ausencia.
Y de las cinco, tras escribir como con acuarela parte de nuestra historia,
me quedan dos copas.
Rezo porque algún día dos copas ganen a una espada.
Y me pueda quitar así el as que llevo en la manga desde esa noche.
Desde esa despedida en la estación.
Esa efímera despedida que hizo que, en diez segundos,
veinte años se tambalearan sobre sus propios cimientos.
domingo, 19 de junio de 2016
Será.
Supongo que hay veces en la vida en las
que nos cansamos de esperar todo de todos y empezamos a esperar nada
de nadie. Dejamos de escribirle poemas a alguien que nunca los leerá,
decidimos romper páginas de libretas llenas de acordes que pintan
sentimientos que nunca llegarán a los oídos de quién los provoca,
empezamos a rendirnos... Sí, empezamos a rendirnos, por decirlo de
alguna forma.
Siempre tuve miedo a rendirme y, mucho
más, a dejar a mi corazón rendirse. Mi abuelita siempre me dice que
cuando quieres algo "tes que loitar, loitar e loitar" para conseguirlo, pero
ella es más fuerte que yo. Yo tan sólo lo parezco. Me vuelvo débil
cuando tengo delante un papel en blanco y puedo plasmar lo que no soy
capaz de hacer en voz alta. Y, a veces, me rindo.
Estoy ante una de esas veces en la
vida: mi corazón se rinde. No puede dar más de sí sin recibir nada a
cambio.
Lo que no esperaba era encontrar tanto
al dar tantas cosas por perdidas. Hacía tanto que no me rendía, que
no recordaba que en algunos momentos es mejor perderlo todo para empezar a vivir sin
nada que perder. Hoy lo grito: me rindo, me rindo mil veces, tiro por
la borda todas las palabras y todos los sentimientos que nadie se
atrevió a hacer suyos mientras colgaban de la vela de este barco que
está preparado para navegar sin rumbo fijo otra vez.
Tantas noches esperando que me dijeran
cosas que ahora simplemente siento a través de miradas sin necesidad de oírlas. Esta vez
es diferente, no tengo nada que perder.
Abro las puertas y me quedo al
descubierto porque nunca había sentido una necesidad tan fuerte de
volar. Con alas, sin alas, contigo. Por una vez no me lamento por lo
que pudo haber sido y no fue, sino que brindo por lo que pudo haber
sido y será. No hoy, ni mañana, pero será algún día.
Aunque tú no lo sepas, como cantaba
Urquijo, he imaginado mil futuros y hoy no puedo imaginar ninguno, de
lo real que es este presente. Hoy sólo veo hoy, veo ahora, te veo a
ti y no sé que pensar.
Porque no entiendo el viento que se
levanta entre nosotros cuando el aire que respiramos siente el
huracán que llevamos dentro, porque esperamos mucho y nos dijimos
muy poco, porque busqué en mil rincones hasta darme cuenta de que eras
tú. Ahora sí que es el momento de hacerle caso a mi abuelita. Tras
rendirme, puedo decir que esta vez vale la pena luchar.
Porque pudo haber sido y, aunque hoy no
puede ser, será. Te juro que será.
domingo, 29 de mayo de 2016
Ojalá te vaya bien.
Por fin puedo decir que ojalá te vaya bien. De todo corazón, ojalá te vaya bien.
Ojalá encuentres tu camino, ojalá sepas qué quieres hacer, dónde quieres encontrar un nuevo hogar, y a qué proyecto dedicar tus esfuerzos y tus ganas, al menos, los próximos años.
Y ojalá te vaya bien.
Ojalá me olvides. Ojalá vuelvas por la misma ciudad cansina que nos vio crecer, camines por mi barrio, por el tuyo, por ninguno, o por los dos, y no me recuerdes. Que todo quede en el olvido, que no te quedes toda la noche despierto, como suele pasarte, y que no me llames. Que no me hagas dudar... una vez más.
Ojalá te quedes con lo bueno, con que fuiste la persona en la que confié más ciegamente en mi corta vida, con las conversaciones serias tirados en cualquier banco, o las no tan serias en las que acabábamos peleándonos cual críos. De alguna forma u otra, supongo que a veces es lo que somos, tan sólo críos.
Y ojalá hayas aprendido de lo malo. Y cuando oigas gritos al otro lado de la pared en cualquier piso de alquiler, no te culpes por las veces en las que esos fuimos nosotros. Fuimos cada respuesta que denotaba bipolaridad, el no saber qué hacer, culpándonos sin sentido y dando golpes a contenedores cada uno en un lado de la ciudad, tras patearnos, como poco, cincuenta calles perdidas de las que nunca sabremos el nombre. Pero aprendimos. Aprendimos que los buenos a veces no somos tan buenos, que todos tenemos que ser quién hace daño alguna vez. Ayer te tocó a ti y hoy me toca a mí. Aprendimos que una cosa es estar ciego y otra es ir sin bastón. Demasiado ciega para andar al descubierto y tú demasiado despistado como para no tropezar conmigo.
Qué bonito poder decirlo. Ojalá logres todo lo que te propongas. Siempre creí en ti y, aunque no lo mereces, no voy a dejar de hacerlo. Ojalá triunfes allá dónde vayas con cualquiera de tus cualidades. Te voy a seguir apoyando, aunque no te recuerde, aunque no pienses en mí, siempre quedará algo que te dará fuerza cuando no la tengas, y llegarás alto.
Ojalá... ojalá seas muy feliz. Que el miedo no te vuelva a impedir ser feliz. Que el miedo no te vuelva a impedir arriesgar, otra vez. Que el miedo no te vuelva a obligar a tener que sincerarte cuando ya era demasiado tarde. Que el miedo te deje vivir. Ojalá. Ojalá no te vuelvas a arrepentir de no haberte quedado. Que sigas sonriendo como sólo tú sabes, que seas un hombro dónde llorar para quién lo necesite y que trates a muchas personas la mitad de bien que me trataste a mí cuando más lo necesitaba. Y ojalá aquel bar siga recogiendo tus historias como lo hizo un día con los dos.
Ojalá seas muy feliz, de verdad.
Por experiencia te digo, que se tardan muchas noches en olvidar(te), pero con una es suficiente para decidir ser feliz.
lunes, 16 de mayo de 2016
Versos
Hace tiempo
que no me escriben versos.
Puede que incluso los ya escritos
hayan volado.
Y la luna brille hoy con esa fuerza
porque es más fácil derrochar la luz que hacer el esfuerzo de levantarse y apagarla.
Y te ilumine sin haberme dado protección previamente. Y me deslumbres.
Porque hace tiempo
que nadie me escribe versos.
Que me prometieron susurrarme besos por Malasaña y jugar al escondite entre las Torres de Quart. Romper las olas del Atlántico a gritos desde los acantilados y tirar a la marea los sueños perdidos al lado equivocado del océano.
Y no ocurrió.
Me recorrí tantas calles de lugares ajenos buscando abrigo. Y en los bares de Madrid no encontré a quién esperaba, las Torres se derrumbaron a mi paso, las rocas que baña el mar están ahora llenas de silencio y me han dicho con acento americano que ya no hay tiempo para sueños.
Me recorrí tantas calles de lugares ajenos buscando abrigo. Y en los bares de Madrid no encontré a quién esperaba, las Torres se derrumbaron a mi paso, las rocas que baña el mar están ahora llenas de silencio y me han dicho con acento americano que ya no hay tiempo para sueños.
Y hace tanto, tanto frío.
Pero tú, sin promesas, apareces y te recorres mis piernas sin miedo a encontrarte baches. Me miras como si quisieras aprenderte cada una de mis pecas y hablarme con los ojos.
Y hace tiempo que no me dedican versos,
pero tú has escrito con los dedos
al menos cuatro poemas en mi espalda
y mi cadera ya los recita.
Y ojalá ni me prometas nada, sólo da pasos en falso sobre los de quién prometió antes.
En falso
porque me gusta caerme.
Que desde el suelo no puedo ir más profundo.
lunes, 2 de mayo de 2016
Amigo.
Pintaste estrellas en el cielo
cuando era demasiado de noche
y
solamente
quedaban nubes.
Abriste mis ojos ante el espejo
cuando no podía ni verme
y
solamente
vi luz.
Llenaste de atardeceres el verano,
de risas, secretos y silencios
y
solamente
nos hablaba el mar.
Me diste alas para volar,
pero me las cortaste cuando no razonaba
y
solamente
necesitaba adrenalina.
Fuiste familia y escapatoria
cuando el mundo se hacía grande
y
solamente
podía huir.
Marcaste un para siempre
en la línea del tiempo de la amistad
y
solamente
nos queda seguir caminando
(un día más cada día).
miércoles, 6 de abril de 2016
Arte.
Tic. Tac.
Cuatro versos en cuatro minutos. Impotencia.
Intento imitar tu poesía pero me desbordan los recuerdos.
Puede que estemos destinados a que los kilómetros nos empujen hacia atrás cada vez que empezamos a caminar.
Iba a escribir un poema, pero hoy no sale. Es una sensación extraña. Como si el arte quisiera salir pero no pudiese. Y es que ¿cómo darle sentido a un sólo verso si no te tengo delante?
Me equivoqué al pensar que la vida da sólo lo que puedes soportar y que todo pasa por una razón, pues no puedo soportar el no entender la razón por la que apareciste de la nada para intentar cambiarlo todo.
Y, además, fracasaste. No cambiaste todo, cambiaste un trocito de mí que se extiende y se ríe del resto de mi persona por no brillar tanto como él.
Tus palabras siguen resonando en mis oídos como si no hubiera tregua, como si siguiésemos peleando por tirar del suelo hasta romperlo y que la tierra que tengo debajo se dispare justo hasta tus piés. Conmigo encima.
Mis melodías envolviendo versos con los dedos y tus versos desgarrando melodías con los dientes.
Y sin poema. Y con prosa. Y sin valor. Aún no sé como decirte que cambiaste mi percepción de arte en el primer momento que me miraste a los ojos de verdad, sin que suene a exagerar. Que no exagero, sino expreso, pero quizás lo que provocaste es exagerado.
Que desde ti el arte no es arte, si la ar(ti)sta no es con(ti)go.
Cuatro versos en cuatro minutos. Impotencia.
Intento imitar tu poesía pero me desbordan los recuerdos.
Puede que estemos destinados a que los kilómetros nos empujen hacia atrás cada vez que empezamos a caminar.
Iba a escribir un poema, pero hoy no sale. Es una sensación extraña. Como si el arte quisiera salir pero no pudiese. Y es que ¿cómo darle sentido a un sólo verso si no te tengo delante?
Me equivoqué al pensar que la vida da sólo lo que puedes soportar y que todo pasa por una razón, pues no puedo soportar el no entender la razón por la que apareciste de la nada para intentar cambiarlo todo.
Y, además, fracasaste. No cambiaste todo, cambiaste un trocito de mí que se extiende y se ríe del resto de mi persona por no brillar tanto como él.
Tus palabras siguen resonando en mis oídos como si no hubiera tregua, como si siguiésemos peleando por tirar del suelo hasta romperlo y que la tierra que tengo debajo se dispare justo hasta tus piés. Conmigo encima.
Mis melodías envolviendo versos con los dedos y tus versos desgarrando melodías con los dientes.
Y sin poema. Y con prosa. Y sin valor. Aún no sé como decirte que cambiaste mi percepción de arte en el primer momento que me miraste a los ojos de verdad, sin que suene a exagerar. Que no exagero, sino expreso, pero quizás lo que provocaste es exagerado.
Que desde ti el arte no es arte, si la ar(ti)sta no es con(ti)go.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)