martes, 7 de noviembre de 2017

IX.

No todos los finales tuvieron un claro principio,
ni todos los principios tendrán un claro final.
La carretera no siempre marca el destino
y si seguimos las huellas de la arena,
no siempre nos llevan a dónde queremos llegar.
Fin y principio.
Pérdida y encuentro.
Es ahí, en la armonía
entre el todo y la nada,
el contigo y el sin mí,
dónde se encuentra el lugar
que pertenece enteramente a uno mismo.
O a muchos.
O a pocos.
Pero siempre pertenece,
siempre tiene dueño.
Porque en el momento en que alguien encuentra el centro,
pone su bandera y no se quiere ir.
Es el sentimiento de saber que es ahí dónde debes estar,
aún sabiendo que no tienes al obligación de estar en ningún lugar.
Dónde debes estar, con quién debes de estar y,
sobretodo,
a dónde debes volver,
año tras año,
vida tras vida,
a encontrar el punto fijo,
engrasar el mecanismo,
experimentar la simetría
y que vuelva, una vez más,
esa palabra a tu mente.
Hogar.
Porque a veces, no tienes que buscarlo.
Ni te viene dado.
A veces te encuentra él a ti.
En mi caso, sólo tuvo que hacerme reír.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Frío.

Tengo la sensación de estar reviviendo.
De que las hojas marchitas
están volando con el viento
y dejando espacio a nuevas flores.
He perdido muchas cosas
a lo largo del tiempo
y dejado muchas personas atrás,
sin pensar que una vez avanzas cuesta abajo,
es muy difícil volver a subir.
Pero, a veces,
se trata de dejar lo que pesa
en la cima de la montaña
para bajar ligeros.
No tolero una sola mentira más,
ni una mala palabra,
que enturbien mi calma.
Por eso, después de morir mil veces,
revivo una más por otro camino.
Me encanta sentir que todo se derrumba,
porque, en el horizonte,
se vislumbra la posibilidad de construír algo nuevo.
De la misma forma que amo el invierno
porque sé que llegará la primavera.
Igual que no puedo dejar de sonreír ante el frío
porque cuando siento la presión de alguien contra mí
haciendo que mi sangre hierva
y note el calor fluyendo por mis venas,
compruebo, de nuevo,
que por muy mal que vaya el mundo
siempre nos pueden curar los abrazos.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Al seco.

Y quise tanto que me cansé de querer.
Tanto,
tanto,
tan fuerte.
Me dolía el pecho de los latidos.

Y quise libre,
quise valiente,
como aquellos que gritaron libertad,
como los que lucharon con valentía por ella.

Quise en grande,
viendo la imagen completa,
obviando los detalles.

Quise desde el hoy,
hasta el mañana,
contando con el ayer.

Quise indefensa,
con barreras agrietadas,
sin un plan de ataque,
más que lanzarme al cuello
al oír el primer beso.

Y quise por lo alto,
desde el cielo,
hasta chocar de lleno
con el suelo.
Quise desde abajo,
una vez me vi con la cara contra el cemento.
Y fue el mismo querer,
que me ayudó a ponerme en pie
sin secuelas.

Me cansé de querer,
y ahora que quieres tú
sin saber lo que quieres,
te deseo que lo que yo quise
te enseñe a querer bien,
aunque hoy yo ya no quiera...
ni quiera querer.

martes, 15 de agosto de 2017

Tenía que haberlo visto vivir.

Estoy segura de que han existido y existirán en tu vida muchos tipos de amor. No hablo de amor de amigos o de amor de familia. El otro tipo de amor, el de tú y él, o tú y ella, con todas sus variantes. Yo, personalmente, no he vivido todos... Pero lo veo vivir.
Está el primer amor. Ese que dicen que nunca se olvida. Y, en mi opinión, es cierta esa suposición. El primer amor es el que te hizo sentir verdaderamente mariposas en lo más profundo del estómago. El que te dio el primer beso y te hizo sentir que volabas. Todas esas cosas que se describen en las más idílicas historias. Ese primer amor que te enseñó lo que era la ilusión y la perfección... pero nunca las dificultades. Por eso, el primer amor, no suele ser el último, porque no aguanta dificultades, sólo aguanta proyecciones e idealizaciones que terminan por sacar su cara oscura y hacer morir lo que un día vivió. Sin embargo, siempre queda esa dulzura de saber que fue esa persona quién te hizo dio alas por primera vez.
Debo nombrar también al que yo llamo el amor "ideal". Creció contigo, sabe tus peores y más vergonzosos secretos. Tus amistades le conocen, tu familia también. Siempre sale esa frase de "¿Y cuándo vais a admitir que estáis juntos?". Quizás lo intentaste, quizás no. Pero seguro que dudaste. Es la persona ideal, que parece hecha para ti. La que tu madre quiere invitar a comer, tu abuela quiere como uno más de sus nietos y con la que tus amigos creen que tienes una relación secreta desde hace al menos 5 años. Pero por alguna razón, es demasiado fácil. Y falta un poco de chispa. Y si empieza, acabará terminando, todos lo sabemos.
Seguimos con el amor "tramposo". Le encanta jugar y siempre jugó contigo, pero con sus reglas. Llegaste a tener una obsesión, porque nunca fue cariño ni amistad, ni mucho menos amor. No contesta a los mensajes. Hoy no puede. Mañana cancelas tus planes porque le viene bien. El amor "tramposo" es egoísta. Todos han oído hablar de esa persona a tu alrededor. Tus amigos le odian. Te cansas de llorar y llorar por algo que ni siquiera quieres en tu vida. Hasta que llega alguien que te abre los ojos y te das cuenta de que sólo está soportando el peso una persona... y esa persona eres tú.
También tenemos que hablar del famoso "amor platónico". Llevas 10 años suspirando cada vez que pasa por delante de ti. Da igual el tiempo que pase, le ves otra vez y te da un vuelco al corazón. Le miras, te mira, pero ninguno se atreve a dar un paso. Miras sus fotos y te imaginas cómo sería si algún día os atrevieseis a ser más... Pero nunca pasa. Pasan años, vas de la mano con otra persona, te cruzas a tu amor platónico, os miráis, quizás os saludéis, habléis y sientas ese cosquilleo de tus mejillas al ruborizarse. Sabes que siempre será un sueño lejano, pero también sabes que siempre te provocará esa sensación. Sonríes. Al final lo platónico provoca ternura.
Y, al final, llegamos al amor que te destroza todos los anteriores. A mí me gusta llamarle el amor del "tira y afloja". Sois como dos imanes atados a los extremos de una cuerda, que luchan por seguir sus caminos por separado. Se estiran y tiran de la cuerda, quieren romperse, pero uno afloja, porque necesitan estar cerca. Así es el "tira y afloja", un amor fuerte, intenso, momentáneo. Dejarías todo por estar con esa persona. Sientes tanto que no piensas en consecuencias. Como dice Elvira Sastre, de repente sabes que todas las personas anteriores eran simulacros... el incendio es esta. Y no sólo eres tú, la otra persona siente lo mismo, también tira, también afloja, tampoco sabe que hacer, pero no suelta. Y te enseña que la vida es más que existir, que vales la pena, te da libertad. Y ocurre, las despedidas no dan miedo, porque quién de verdad quiere irse no se para a decir adiós si no quiere que se le retenga. Sabes que puede haber alguien mejor ahí fuera, pero no igual. Y no quieres alguien mejor, quieres a esa persona, con lo que amas y lo que odias. Tienes energía, la tuya y la que te regala esa persona. Eres consciente de que puede irse, porque siempre ha funcionado por libre, como tú, pero tienes claro que no se va a ir. Tenéis miedo. Un día la otra persona es tu mundo y al siguiente actúas como si no te importase. Un día le escribes versos y al siguiente ni los buenos días. Necesitáis contrarrestar los sentimientos, necesitáis marcar distancias. No podéis dejar que los imanes colisionen porque significa estabilizarse con la otra persona por siempre. Sabes que es el imán que te corresponde, pero tienes miedo de que te haga daño el choque. Así que sólo tiras y aflojas según la situación.
Pero un día se rompe. De tanto tirar la cuerda se rompe. O se suelta... Aburridos de aflojar cuando no podíais más, soltáis.
Ahí es cuando aparece el amor "definitivo". Aparecerá como un soplo de tranquilidad entre tanto caos. Todo encaja, va despacio, tiene ritmo. Cada pasito tiene sentido en el camino. Y se empieza a construír una carretera entre las piedras. Con cada gesto, cada mirada, cada palabra. Es vuestra carretera. Y empezáis a crecer juntos, consigues trabajo, consigue trabajo, os vais a vivir juntos, comenzáis a ser vuestra pequeña familia, envejecéis poco a poco en una estabilidad... feliz, por qué no.
Pero, aunque el amor "definitivo" no lo sepa, tú sí lo sabes. La cuerda que un día encontró tirada en el suelo a tu lado, recogió y ató para uniros... Puede ser un trozo sano y salvo, o una cuerda entera. Puede ser más resistente o menos, pero parece que los nudos no se deshacen. Sirve para lo que se está usando: os une. Pero no es su cuerda. Es de quién, un día, sabiendo que le pertenecía, la soltó.

martes, 25 de julio de 2017

Para seguir andando.

Tantas historias a la espalda
que me duele una canción
por cada nombre.

Que me revientan las venas
con cada verso
que me dedicaron
o quisieron dedicarme
pero no hubo más tiempo.

Tantos días sin llamarles
que aprendí a vivir del aire
para dejar de vivir del alma.

Que se oxidaron los números
de aquel teléfono viejo
que no quise utilizar
por miedo a notar
que el tiempo también pasó por mí.

Tantas noches sin dormir
que se me caen los párpados
para dejarme más ciega.

Que no tengo cura
ni con somníferos
a este despertar agonizante
que me enseña una realidad
que no quiero ver.

Tantos recuerdos destrozados
que son difíciles de creer
si no los has vivido.

Que necesitan ser llorados,
y reídos,
y extrañados
una vez más

si quiero seguir andando.

sábado, 17 de junio de 2017

Gravedad.

El tiempo pasa.
Es algo de lo que todos
y todas
somos conscientes.
Que el tiempo pase
sólo implica una cosa;
cambios.
Cambios en la vida
en general.
Cambios en el corazón
y en la cabeza,
en los sentimientos,
en las reacciones,
en las ideas,
en lo que creemos,
en lo que odiamos,
en lo que queremos
y, sobre todo,
en lo que soñamos.

Siempre diré
que lo que diferencia al ser humano
del resto del universo,
es la capacidad de soñar.
Y eso nos hace libres,
al menos por dentro.
Ahora estás aquí
y, en un milisegundo,
estás en otra parte
a bordo de un sueño.
Por eso es curioso
cuando los sueños cambian.
Soñar es como encender tu motor,
y cuando cambias de combustible...
De repente es raro.
Todo es extraño,
como que lo que antes encajaba
ya no encaja.
Todo estaba ordenado en tu vida
y de un momento para otro
hay un completo desastre.
Pero, repito,
son consecuencias
del paso del tiempo.

Lo bueno que tienen los sueños
es que algunos están ocultos.
Esos nunca cambian;
no puedes cambiarlos
si no sabes que los tienes.
Y, cuando los descubres,
son tan fuertes
y están tan acostumbrados a resistir,
que es imposible deshacerte de ellos.
El tiempo ha dejado muchas secuelas en mí,
cambió muchos sueños,
me hizo tomar el timón y cambiar el rumbo,
que llevaba completamente equivocado.
Pero, al final, descubrí un sueño oculto,
que sé que no va a cambiar.

Hoy tengo claro,
clarísimo,
que tengo sueños demasiado grandes,
a veces hasta me asustan.
También tengo claro
que los voy a cumplir.
Lo tengo muy claro.
Tengo claro que mis sueños
incluyen distancia,
tiempo,
esfuerzo,
irme
y llegar.
Tengo claro que mis sueños
incluyen, muchas veces,
soledad.
Al menos física.
No sé cuáles son vuestros sueños,
pero mis sueños incluyen
que los cumpláis.
Tengo clarísimo
que daría muchos de mis sueños
para que cumplieseis los vuestros,
y veros, a pesar de todo,
sonreír,
pero esa sonrisa sincera
que merecéis,
no esas sonrisas de mierda
que os saca cualquier imbécil
que no os merece.
Claramente mis sueños incluyen
veros en veinte años
sin remordimientos,
sabiendo que habéis vivido
y no sólo existido,
que habéis amado
y no sólo deseado,
que os habéis apasionado
y no sólo encaprichado,
que habéis sentido
y no sólo pensado.
Mis sueños, obviamente,
incluyen saber que sois felices.

Porque mi sueño oculto,
el que cambió la mitad de los demás,
es que pase el tiempo que pase,
cambien los sueños que cambien,
el mundo siga girando a nuestro favor,
que el centro de la tierra tire de mis pies.
Que una fuerza me arrastre
hasta traerme al lugar
que no es ninguna parte
pero es dónde quiero estar...
con vosotras, como siempre.

Que empiece a actuar la gravedad.

martes, 6 de junio de 2017

Llegar.

Para Ari, porque yo también sé lo que es llegar.

Sé que es duro y será complicado,
que las despedidas duelen
y la impotencia de estar lejos de los tuyos
sin ser capaz de cambiarlo
es de los peores sentimientos.
Sé que te sentirás extraña,
soñarás despierta,
llorarás en silencio justo antes de dormir
y no querrás ayuda ni consejos de nadie.
Sé que sabrás lo que es soledad,
lo que es rechazo
y lo duro que es sentir que no alcanzas nunca el punto
de ser una más.
Sé que tienes ganas,
pero tratarán de derrumbarte;
que sueñas alto,
pero te harán volar bajo;
que no entenderás,
que te decepcionarán,
que querrás tirar todo por la borda,
que sentirás que no ha valido la pena.
Pero, en ir y venir soy experta, 
y créeme: siempre la vale.
Sé que la vida es hermosa, 
pero también puede ser muy perra,
que no todo sale siempre según lo planeado,
que no siempre
depende
de ti.
Sé que te caerás,
que tropezarás,
pero nunca,
(y lee bien)
nunca,
perderás.
Porque las personas como tú,
las de alma fuerte,
unas veces ganan
y otras aprenden.
Y también sé que cuando esto pase,
en los días en los que te toque aprender
a poner luz en un mundo negro,
yo seré tu apoyo,
tu abrigo, 
tu hogar.
Sé lo dificil que es marcharse
y lo imposible que es llegar.
Por eso quiero que sepas
que allá dónde esté yo
tendrás con quién contar.
Que allá dónde estés tú,
te iré a buscar,
y estaré ahí.
Sin nada que pedir, 
a veces sin nada que dar,
pero ahí.
Que no seré capaz de matar a todos los gigantes
que intenten pisarte,
pero,
desde luego, 
te ayudaré a hacer fuerza para evitar el pisotón,
hasta que se rindan.
Porque lo haría con cualquiera,
pero esta vez es diferente.
Por primera vez,
siento que la sangre tira...
y quiero ser familia.