Llévame a tus lugares escondidos,
a la casa de los gritos
que me quiere silenciar.
Llévame a los más tristes garitos
dónde varan los perdidos
y encuentran la otra mitad.
Llévame a aquel parque confidente,
no me hagas mirarte ausente
sabes que lo puedo estar.
Llévame a un sitio diferente
dónde sea al fin valiente
y no me de miedo arriesgar.
Llévame a una noche sin medida
rompe mi filosofía,
dame algo en qué pensar.
Llévame a calles desconocidas,
dónde quieras ser mi guía
camino a la libertad.
Llévame rompiendo las cadenas,
siguiendo la luna llena
que es la misma dónde estás
Llévame contigo a dónde sea,
compartamos la certeza
de saber a dónde se va.
miércoles, 31 de enero de 2018
viernes, 15 de diciembre de 2017
Tú.
Me hace gracia que hables de cuidarnos unos a otros, cuando tú no eres capaz ni de cuidarte a ti mismo y te has negado a cuidar a quién te quiere.
Te llenas la boca de palabras a las que no haces justicia.
Pensaba que eras un salvavidas en el naufragio y me equivoqué. Me agarré a ti y dije que sonreiríamos hasta el final. Imaginé un futuro en el que contigo o sin ti acabaríamos sabiéndonos complementarios, aún escapándonos como imanes que se repelen el uno del otro.
No.
Ahora se me escapa una carcajada al pensarlo. Tú y yo... qué idea más tonta.
Tú con tu ego y yo con mi entrega. Al final, todo se trata de ti.
Nunca es tú y yo. Es solo tú. Y yo... ¿yo dónde?
Porque no supiste cuidarme y me desvanecí. Pudiste quererme y preferiste quererte de más. Teníamos el camino allanado en frente de nosotros, no había posibilidad de tropezar... y construiste un muro que nos impidió avanzar..
Y yo ya no estoy, ni estaré. Querías estar tú y estás tú.
Disfrútate.
Te llenas la boca de palabras a las que no haces justicia.
Pensaba que eras un salvavidas en el naufragio y me equivoqué. Me agarré a ti y dije que sonreiríamos hasta el final. Imaginé un futuro en el que contigo o sin ti acabaríamos sabiéndonos complementarios, aún escapándonos como imanes que se repelen el uno del otro.
No.
Ahora se me escapa una carcajada al pensarlo. Tú y yo... qué idea más tonta.
Tú con tu ego y yo con mi entrega. Al final, todo se trata de ti.
Nunca es tú y yo. Es solo tú. Y yo... ¿yo dónde?
Porque no supiste cuidarme y me desvanecí. Pudiste quererme y preferiste quererte de más. Teníamos el camino allanado en frente de nosotros, no había posibilidad de tropezar... y construiste un muro que nos impidió avanzar..
Y yo ya no estoy, ni estaré. Querías estar tú y estás tú.
Disfrútate.
jueves, 16 de noviembre de 2017
No te escapes.
No te escapes,
quédate.
Yo prometo no alejarme,
al menos no demasiado.
Sólo lo suficiente,
quizás,
para marcar el límite.
No te escapes,
cántame.
Quiero sentir tu voz vibrar
con el viento
y el sonido de la lluvia
apedreando la ventana.
Y que las notas caigan suave
como las gotas
y revivan la tierra
bajo nuestros pies.
Si te oyeran cantar las nubes
sería siempre verano.
No te escapes,
túmbate
con la cabeza en mi regazo
y hablemos.
Hablemos de lo que salió mal,
de lo que nos trajo hasta aquí.
Del mundo y sus miserias.
Qué dura es hoy la vida
y qué cara.
Nosotros que odiamos el dinero
y nos vemos envueltos
en sobres que nos lo piden.
Vayámonos.
Quédate, pero no aquí.
quédate sólo conmigo.
Dónde sea,
dónde seamos,
o dónde podamos ser.
Y pintemos pentagramas
con sonrisas
allá dónde quepan.
Y ganémonos la vida a base de alma,
compartamos a gritos el arte.
Busquemos nuestra paz,
la misma que empecé a recobrar
cuando apareciste.
Qué duro es hoy vivir
y que bonito pensar
que,
por vivir,
nos encontramos.
quédate.
Yo prometo no alejarme,
al menos no demasiado.
Sólo lo suficiente,
quizás,
para marcar el límite.
No te escapes,
cántame.
Quiero sentir tu voz vibrar
con el viento
y el sonido de la lluvia
apedreando la ventana.
Y que las notas caigan suave
como las gotas
y revivan la tierra
bajo nuestros pies.
Si te oyeran cantar las nubes
sería siempre verano.
No te escapes,
túmbate
con la cabeza en mi regazo
y hablemos.
Hablemos de lo que salió mal,
de lo que nos trajo hasta aquí.
Del mundo y sus miserias.
Qué dura es hoy la vida
y qué cara.
Nosotros que odiamos el dinero
y nos vemos envueltos
en sobres que nos lo piden.
Vayámonos.
Quédate, pero no aquí.
quédate sólo conmigo.
Dónde sea,
dónde seamos,
o dónde podamos ser.
Y pintemos pentagramas
con sonrisas
allá dónde quepan.
Y ganémonos la vida a base de alma,
compartamos a gritos el arte.
Busquemos nuestra paz,
la misma que empecé a recobrar
cuando apareciste.
Qué duro es hoy vivir
y que bonito pensar
que,
por vivir,
nos encontramos.
martes, 7 de noviembre de 2017
IX.
No todos los finales tuvieron un claro principio,
ni todos los principios tendrán un claro final.
La carretera no siempre marca el destino
y si seguimos las huellas de la arena,
no siempre nos llevan a dónde queremos llegar.
Fin y principio.
Pérdida y encuentro.
Es ahí, en la armonía
entre el todo y la nada,
el contigo y el sin mí,
dónde se encuentra el lugar
que pertenece enteramente a uno mismo.
O a muchos.
O a pocos.
Pero siempre pertenece,
siempre tiene dueño.
Porque en el momento en que alguien encuentra el centro,
pone su bandera y no se quiere ir.
Es el sentimiento de saber que es ahí dónde debes estar,
aún sabiendo que no tienes al obligación de estar en ningún lugar.
Dónde debes estar, con quién debes de estar y,
sobretodo,
a dónde debes volver,
año tras año,
vida tras vida,
a encontrar el punto fijo,
engrasar el mecanismo,
experimentar la simetría
y que vuelva, una vez más,
esa palabra a tu mente.
Hogar.
Porque a veces, no tienes que buscarlo.
Ni te viene dado.
A veces te encuentra él a ti.
En mi caso, sólo tuvo que hacerme reír.
ni todos los principios tendrán un claro final.
La carretera no siempre marca el destino
y si seguimos las huellas de la arena,
no siempre nos llevan a dónde queremos llegar.
Fin y principio.
Pérdida y encuentro.
Es ahí, en la armonía
entre el todo y la nada,
el contigo y el sin mí,
dónde se encuentra el lugar
que pertenece enteramente a uno mismo.
O a muchos.
O a pocos.
Pero siempre pertenece,
siempre tiene dueño.
Porque en el momento en que alguien encuentra el centro,
pone su bandera y no se quiere ir.
Es el sentimiento de saber que es ahí dónde debes estar,
aún sabiendo que no tienes al obligación de estar en ningún lugar.
Dónde debes estar, con quién debes de estar y,
sobretodo,
a dónde debes volver,
año tras año,
vida tras vida,
a encontrar el punto fijo,
engrasar el mecanismo,
experimentar la simetría
y que vuelva, una vez más,
esa palabra a tu mente.
Hogar.
Porque a veces, no tienes que buscarlo.
Ni te viene dado.
A veces te encuentra él a ti.
En mi caso, sólo tuvo que hacerme reír.
domingo, 5 de noviembre de 2017
Frío.
Tengo la sensación de estar reviviendo.
De que las hojas marchitas
están volando con el viento
y dejando espacio a nuevas flores.
He perdido muchas cosas
a lo largo del tiempo
y dejado muchas personas atrás,
sin pensar que una vez avanzas cuesta abajo,
es muy difícil volver a subir.
Pero, a veces,
se trata de dejar lo que pesa
en la cima de la montaña
para bajar ligeros.
No tolero una sola mentira más,
ni una mala palabra,
que enturbien mi calma.
Por eso, después de morir mil veces,
revivo una más por otro camino.
Me encanta sentir que todo se derrumba,
porque, en el horizonte,
se vislumbra la posibilidad de construír algo nuevo.
De la misma forma que amo el invierno
porque sé que llegará la primavera.
Igual que no puedo dejar de sonreír ante el frío
porque cuando siento la presión de alguien contra mí
haciendo que mi sangre hierva
y note el calor fluyendo por mis venas,
compruebo, de nuevo,
que por muy mal que vaya el mundo
siempre nos pueden curar los abrazos.
De que las hojas marchitas
están volando con el viento
y dejando espacio a nuevas flores.
He perdido muchas cosas
a lo largo del tiempo
y dejado muchas personas atrás,
sin pensar que una vez avanzas cuesta abajo,
es muy difícil volver a subir.
Pero, a veces,
se trata de dejar lo que pesa
en la cima de la montaña
para bajar ligeros.
No tolero una sola mentira más,
ni una mala palabra,
que enturbien mi calma.
Por eso, después de morir mil veces,
revivo una más por otro camino.
Me encanta sentir que todo se derrumba,
porque, en el horizonte,
se vislumbra la posibilidad de construír algo nuevo.
De la misma forma que amo el invierno
porque sé que llegará la primavera.
Igual que no puedo dejar de sonreír ante el frío
porque cuando siento la presión de alguien contra mí
haciendo que mi sangre hierva
y note el calor fluyendo por mis venas,
compruebo, de nuevo,
que por muy mal que vaya el mundo
siempre nos pueden curar los abrazos.
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Al seco.
Y quise tanto que me cansé de querer.
Tanto,
tanto,
tan fuerte.
Me dolía el pecho de los latidos.
Y quise libre,
quise valiente,
como aquellos que gritaron libertad,
como los que lucharon con valentía por ella.
Quise en grande,
viendo la imagen completa,
obviando los detalles.
Quise desde el hoy,
hasta el mañana,
contando con el ayer.
Quise indefensa,
con barreras agrietadas,
sin un plan de ataque,
más que lanzarme al cuello
al oír el primer beso.
Y quise por lo alto,
desde el cielo,
hasta chocar de lleno
con el suelo.
Quise desde abajo,
una vez me vi con la cara contra el cemento.
Y fue el mismo querer,
que me ayudó a ponerme en pie
sin secuelas.
Me cansé de querer,
y ahora que quieres tú
sin saber lo que quieres,
te deseo que lo que yo quise
te enseñe a querer bien,
aunque hoy yo ya no quiera...
ni quiera querer.
Tanto,
tanto,
tan fuerte.
Me dolía el pecho de los latidos.
Y quise libre,
quise valiente,
como aquellos que gritaron libertad,
como los que lucharon con valentía por ella.
Quise en grande,
viendo la imagen completa,
obviando los detalles.
Quise desde el hoy,
hasta el mañana,
contando con el ayer.
Quise indefensa,
con barreras agrietadas,
sin un plan de ataque,
más que lanzarme al cuello
al oír el primer beso.
Y quise por lo alto,
desde el cielo,
hasta chocar de lleno
con el suelo.
Quise desde abajo,
una vez me vi con la cara contra el cemento.
Y fue el mismo querer,
que me ayudó a ponerme en pie
sin secuelas.
Me cansé de querer,
y ahora que quieres tú
sin saber lo que quieres,
te deseo que lo que yo quise
te enseñe a querer bien,
aunque hoy yo ya no quiera...
ni quiera querer.
martes, 15 de agosto de 2017
Tenía que haberlo visto vivir.
Estoy segura de que han existido y existirán en tu vida muchos tipos de amor. No hablo de amor de amigos o de amor de familia. El otro tipo de amor, el de tú y él, o tú y ella, con todas sus variantes. Yo, personalmente, no he vivido todos... Pero lo veo vivir.
Está el primer amor. Ese que dicen que nunca se olvida. Y, en mi opinión, es cierta esa suposición. El primer amor es el que te hizo sentir verdaderamente mariposas en lo más profundo del estómago. El que te dio el primer beso y te hizo sentir que volabas. Todas esas cosas que se describen en las más idílicas historias. Ese primer amor que te enseñó lo que era la ilusión y la perfección... pero nunca las dificultades. Por eso, el primer amor, no suele ser el último, porque no aguanta dificultades, sólo aguanta proyecciones e idealizaciones que terminan por sacar su cara oscura y hacer morir lo que un día vivió. Sin embargo, siempre queda esa dulzura de saber que fue esa persona quién te hizo dio alas por primera vez.
Debo nombrar también al que yo llamo el amor "ideal". Creció contigo, sabe tus peores y más vergonzosos secretos. Tus amistades le conocen, tu familia también. Siempre sale esa frase de "¿Y cuándo vais a admitir que estáis juntos?". Quizás lo intentaste, quizás no. Pero seguro que dudaste. Es la persona ideal, que parece hecha para ti. La que tu madre quiere invitar a comer, tu abuela quiere como uno más de sus nietos y con la que tus amigos creen que tienes una relación secreta desde hace al menos 5 años. Pero por alguna razón, es demasiado fácil. Y falta un poco de chispa. Y si empieza, acabará terminando, todos lo sabemos.
Seguimos con el amor "tramposo". Le encanta jugar y siempre jugó contigo, pero con sus reglas. Llegaste a tener una obsesión, porque nunca fue cariño ni amistad, ni mucho menos amor. No contesta a los mensajes. Hoy no puede. Mañana cancelas tus planes porque le viene bien. El amor "tramposo" es egoísta. Todos han oído hablar de esa persona a tu alrededor. Tus amigos le odian. Te cansas de llorar y llorar por algo que ni siquiera quieres en tu vida. Hasta que llega alguien que te abre los ojos y te das cuenta de que sólo está soportando el peso una persona... y esa persona eres tú.
También tenemos que hablar del famoso "amor platónico". Llevas 10 años suspirando cada vez que pasa por delante de ti. Da igual el tiempo que pase, le ves otra vez y te da un vuelco al corazón. Le miras, te mira, pero ninguno se atreve a dar un paso. Miras sus fotos y te imaginas cómo sería si algún día os atrevieseis a ser más... Pero nunca pasa. Pasan años, vas de la mano con otra persona, te cruzas a tu amor platónico, os miráis, quizás os saludéis, habléis y sientas ese cosquilleo de tus mejillas al ruborizarse. Sabes que siempre será un sueño lejano, pero también sabes que siempre te provocará esa sensación. Sonríes. Al final lo platónico provoca ternura.
Y, al final, llegamos al amor que te destroza todos los anteriores. A mí me gusta llamarle el amor del "tira y afloja". Sois como dos imanes atados a los extremos de una cuerda, que luchan por seguir sus caminos por separado. Se estiran y tiran de la cuerda, quieren romperse, pero uno afloja, porque necesitan estar cerca. Así es el "tira y afloja", un amor fuerte, intenso, momentáneo. Dejarías todo por estar con esa persona. Sientes tanto que no piensas en consecuencias. Como dice Elvira Sastre, de repente sabes que todas las personas anteriores eran simulacros... el incendio es esta. Y no sólo eres tú, la otra persona siente lo mismo, también tira, también afloja, tampoco sabe que hacer, pero no suelta. Y te enseña que la vida es más que existir, que vales la pena, te da libertad. Y ocurre, las despedidas no dan miedo, porque quién de verdad quiere irse no se para a decir adiós si no quiere que se le retenga. Sabes que puede haber alguien mejor ahí fuera, pero no igual. Y no quieres alguien mejor, quieres a esa persona, con lo que amas y lo que odias. Tienes energía, la tuya y la que te regala esa persona. Eres consciente de que puede irse, porque siempre ha funcionado por libre, como tú, pero tienes claro que no se va a ir. Tenéis miedo. Un día la otra persona es tu mundo y al siguiente actúas como si no te importase. Un día le escribes versos y al siguiente ni los buenos días. Necesitáis contrarrestar los sentimientos, necesitáis marcar distancias. No podéis dejar que los imanes colisionen porque significa estabilizarse con la otra persona por siempre. Sabes que es el imán que te corresponde, pero tienes miedo de que te haga daño el choque. Así que sólo tiras y aflojas según la situación.
Pero un día se rompe. De tanto tirar la cuerda se rompe. O se suelta... Aburridos de aflojar cuando no podíais más, soltáis.
Ahí es cuando aparece el amor "definitivo". Aparecerá como un soplo de tranquilidad entre tanto caos. Todo encaja, va despacio, tiene ritmo. Cada pasito tiene sentido en el camino. Y se empieza a construír una carretera entre las piedras. Con cada gesto, cada mirada, cada palabra. Es vuestra carretera. Y empezáis a crecer juntos, consigues trabajo, consigue trabajo, os vais a vivir juntos, comenzáis a ser vuestra pequeña familia, envejecéis poco a poco en una estabilidad... feliz, por qué no.
Pero, aunque el amor "definitivo" no lo sepa, tú sí lo sabes. La cuerda que un día encontró tirada en el suelo a tu lado, recogió y ató para uniros... Puede ser un trozo sano y salvo, o una cuerda entera. Puede ser más resistente o menos, pero parece que los nudos no se deshacen. Sirve para lo que se está usando: os une. Pero no es su cuerda. Es de quién, un día, sabiendo que le pertenecía, la soltó.
Está el primer amor. Ese que dicen que nunca se olvida. Y, en mi opinión, es cierta esa suposición. El primer amor es el que te hizo sentir verdaderamente mariposas en lo más profundo del estómago. El que te dio el primer beso y te hizo sentir que volabas. Todas esas cosas que se describen en las más idílicas historias. Ese primer amor que te enseñó lo que era la ilusión y la perfección... pero nunca las dificultades. Por eso, el primer amor, no suele ser el último, porque no aguanta dificultades, sólo aguanta proyecciones e idealizaciones que terminan por sacar su cara oscura y hacer morir lo que un día vivió. Sin embargo, siempre queda esa dulzura de saber que fue esa persona quién te hizo dio alas por primera vez.
Debo nombrar también al que yo llamo el amor "ideal". Creció contigo, sabe tus peores y más vergonzosos secretos. Tus amistades le conocen, tu familia también. Siempre sale esa frase de "¿Y cuándo vais a admitir que estáis juntos?". Quizás lo intentaste, quizás no. Pero seguro que dudaste. Es la persona ideal, que parece hecha para ti. La que tu madre quiere invitar a comer, tu abuela quiere como uno más de sus nietos y con la que tus amigos creen que tienes una relación secreta desde hace al menos 5 años. Pero por alguna razón, es demasiado fácil. Y falta un poco de chispa. Y si empieza, acabará terminando, todos lo sabemos.
Seguimos con el amor "tramposo". Le encanta jugar y siempre jugó contigo, pero con sus reglas. Llegaste a tener una obsesión, porque nunca fue cariño ni amistad, ni mucho menos amor. No contesta a los mensajes. Hoy no puede. Mañana cancelas tus planes porque le viene bien. El amor "tramposo" es egoísta. Todos han oído hablar de esa persona a tu alrededor. Tus amigos le odian. Te cansas de llorar y llorar por algo que ni siquiera quieres en tu vida. Hasta que llega alguien que te abre los ojos y te das cuenta de que sólo está soportando el peso una persona... y esa persona eres tú.
También tenemos que hablar del famoso "amor platónico". Llevas 10 años suspirando cada vez que pasa por delante de ti. Da igual el tiempo que pase, le ves otra vez y te da un vuelco al corazón. Le miras, te mira, pero ninguno se atreve a dar un paso. Miras sus fotos y te imaginas cómo sería si algún día os atrevieseis a ser más... Pero nunca pasa. Pasan años, vas de la mano con otra persona, te cruzas a tu amor platónico, os miráis, quizás os saludéis, habléis y sientas ese cosquilleo de tus mejillas al ruborizarse. Sabes que siempre será un sueño lejano, pero también sabes que siempre te provocará esa sensación. Sonríes. Al final lo platónico provoca ternura.
Y, al final, llegamos al amor que te destroza todos los anteriores. A mí me gusta llamarle el amor del "tira y afloja". Sois como dos imanes atados a los extremos de una cuerda, que luchan por seguir sus caminos por separado. Se estiran y tiran de la cuerda, quieren romperse, pero uno afloja, porque necesitan estar cerca. Así es el "tira y afloja", un amor fuerte, intenso, momentáneo. Dejarías todo por estar con esa persona. Sientes tanto que no piensas en consecuencias. Como dice Elvira Sastre, de repente sabes que todas las personas anteriores eran simulacros... el incendio es esta. Y no sólo eres tú, la otra persona siente lo mismo, también tira, también afloja, tampoco sabe que hacer, pero no suelta. Y te enseña que la vida es más que existir, que vales la pena, te da libertad. Y ocurre, las despedidas no dan miedo, porque quién de verdad quiere irse no se para a decir adiós si no quiere que se le retenga. Sabes que puede haber alguien mejor ahí fuera, pero no igual. Y no quieres alguien mejor, quieres a esa persona, con lo que amas y lo que odias. Tienes energía, la tuya y la que te regala esa persona. Eres consciente de que puede irse, porque siempre ha funcionado por libre, como tú, pero tienes claro que no se va a ir. Tenéis miedo. Un día la otra persona es tu mundo y al siguiente actúas como si no te importase. Un día le escribes versos y al siguiente ni los buenos días. Necesitáis contrarrestar los sentimientos, necesitáis marcar distancias. No podéis dejar que los imanes colisionen porque significa estabilizarse con la otra persona por siempre. Sabes que es el imán que te corresponde, pero tienes miedo de que te haga daño el choque. Así que sólo tiras y aflojas según la situación.
Pero un día se rompe. De tanto tirar la cuerda se rompe. O se suelta... Aburridos de aflojar cuando no podíais más, soltáis.
Ahí es cuando aparece el amor "definitivo". Aparecerá como un soplo de tranquilidad entre tanto caos. Todo encaja, va despacio, tiene ritmo. Cada pasito tiene sentido en el camino. Y se empieza a construír una carretera entre las piedras. Con cada gesto, cada mirada, cada palabra. Es vuestra carretera. Y empezáis a crecer juntos, consigues trabajo, consigue trabajo, os vais a vivir juntos, comenzáis a ser vuestra pequeña familia, envejecéis poco a poco en una estabilidad... feliz, por qué no.
Pero, aunque el amor "definitivo" no lo sepa, tú sí lo sabes. La cuerda que un día encontró tirada en el suelo a tu lado, recogió y ató para uniros... Puede ser un trozo sano y salvo, o una cuerda entera. Puede ser más resistente o menos, pero parece que los nudos no se deshacen. Sirve para lo que se está usando: os une. Pero no es su cuerda. Es de quién, un día, sabiendo que le pertenecía, la soltó.
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