miércoles, 19 de febrero de 2020

Catarsis.

Suena Andrés,
como siempre,
y me duele el pasado.

No quiero olvidarte
y me come el presente
que estamos construyendo
para no caer en el olvido.

Que llegaste tú
y lo demás no importó.
Se caen de mi boca
todos los nombres
vacíos
con los que intenté
contar historias
que quedaron sin final.

Somos futuro
y no
queremos
verlo.

Acepto el desafío
y vuelvo a caminar despacio,
a tu ritmo,
corto mi vuelo.

Prometí no dejar de volar por nadie
pero me pesan las alas
si te dejo atrás.

Sólo abrázame muy fuerte,
quítame las pesadillas
que suben por mi columna vertebral,
que luego no duermo
al no poder pensar en ti.

Somos caos, 
desastre,
catástrofe
y odisea.

Pero sólo así habrá catarsis.

domingo, 2 de febrero de 2020

Familia.


A Jorge, aunque aún no lo entienda.


Aún no te siento
y ya te noto cerca.
Hasta puedo ver en ti
los mismos ojos azules
que hoy me dan tanta paz.
El día que los abras
espero que no te asustes
de las piedras del camino:
no será fácil,
pero no estarás solo.

Espero también que,
cuando sonrías,
ilumines una galaxia entera
como lo hace ella
al bailar
con la felicidad de un instante.

Ya te veo correr
a contracorriente,
fluyendo la sangre rebelde
de tu historia
por tus venas,
y mirar con la ternura
que refleja un arcoiris
en cada uno de sus colores.

Sabiendo de dónde vienes,
no tengo dudas
de que encontrarás tu sitio
en este caos de madriguera
a la que llamarás hogar.
La selva te protegerá
como lo hizo con ellos
y también conmigo.

No temas al tropezar
pues,
si no hubiésemos tropezado,
mi tinta no escribiría estas letras.
Quizás no siempre encuentres el norte
y no pasa nada.
Quizás no encajes:
brillarás demasiado
para quién acostumbra vivir a oscuras.

No te hemos dejado un mundo
demasiado amable
(y juro que lo intentamos).
Ojalá tú
seas capaz de transformarlo,
lo llevas en el ADN.

A mí
me encontrarás entre los árboles,
cuidando de tu sombra,
sobrevolando tus pasos.
Los míos los acompañarán
cuando me necesites.
Cuando no...
yo vuelo.

Te enseñaré a volar.
Quién te quiere,
a veces,
tiene miedo al desplegar de tus alas.
Pero no te preocupes,
te mostraré que siempre funcionan.

Me gustaría decirte
que seré un hada madrina
de cuento,
de las que conceden un deseo.
Pido disculpas porque,
sin querer,
gasté mi propio deseo.

Pedí amor y,
con tu llegada,
me di cuenta
de que hace tiempo
que estoy rodeada de él.

domingo, 19 de enero de 2020

Estoy bien.

Mi horóscopo dice
que tendré una mala semana
y,
por primera vez,
no le dejo engañarme.

No me gustan los domingos
si no estoy en casa,
me ponen de mal humor
y quiero tirarme en cama
abrazando la almohada.

Sabes que hay veces
que se me cruza el cable
y no estoy para bromas,
que me cuesta poner buena cara
cuando me despierto
con el pie izquierdo.

Pero aunque no tenga el día
y sea domingo
y esté lejos de casa,
por alguna razón
no he parado de reír
desde que me desperté.

Y sé que no es mi día
y no será mi semana
pero me siento bien.
Escucharte me hace bien.
Y mientras tenga eso,
estaré bien.

Mientras te tenga cerca,
estoy tranquila...
vamos a estar bien.

sábado, 11 de enero de 2020

Instantes.


Difícil asumir
que nunca más
en la vida
me volveré a sentir así.

Cada momento
irrepetible
se nubla en mi mente
y da paso a nuevas formas
de ver lo que me rodea.

Habrá nuevas emociones
y el reloj seguirá girando
alrededor de un eje
que tira de mí.

Yo que aún le tengo miedo al tiempo
y no puedo ni pensar en perderlo.

Tal vez mañana
sea diferente
y se despierte algo en mí
que me lleve de vuelta al camino.

Pero hoy sigo aquí,
pensando que sólo hay un ahora
y que nunca voy a volver a sentir
el vértigo de este preciso instante.

viernes, 10 de enero de 2020

Cimientos.

La risa de quién no tiene
nada que perder,
unos buenos días por la tarde.
Un cuaderno lleno de sueños,
los ojos cerrados para despertar.
Me tienden la mano
aquellos con mochilas llenas
y carteras vacías.
Tiene una llamada perdida,
viene de cerca del mar.
Tropiezos que llevan a aciertos,
planes de futuro
que no llegan a más
y acaban siendo parte
de un presente indescriptible.
Confianza ciega
y una vida en mis manos,
abrazos de amor de niña,
complicidad secreta.
En busca de la felicidad
encontramos compañía,
el tiempo es oro
y este momento también.
Cuatro cervezas me echan de menos,
la quinta tendrá que esperar.
Familias que se escogieron
y sangre hecha amistad.
Mi sonrisa si le miro,
su mirada al sonreír,
ser feliz si es que lo es.
Que, al final, tendrás razón:
uno no se puede quejar.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Vives porque vivo.

En los días bonitos
te recuerdo.
Y escucho tus carcajadas
como si siguieras sentado a mi lado.
En medio de eso,
yo también río.
He llorado poco
desde que te fuiste.
Todo lo que has dejado en mí
es bueno.
Te llevo dentro,
aunque no te sienta
y, a veces, se me emborronen los recuerdos.
Sabes que le tengo miedo al tiempo,
quizás es por eso,
porque es el fabricante del olvido.
Hay días bonitos
en los que te recuerdo,
como siempre,
pero no me sale.
Y se convierten en grises.
Porque tengo que acordarme
de nuestro sitio de siempre
e invocar tu voz en mi cabeza
para poder verte sonreír.
Te estás borrando
y no estoy lista para ello.
Llegará el día en que,
en un día bonito,
no consiga verte.
Supongo que es algo
con lo que hay que vivir.
Hay que vivir.
Un día te prometí que viviría.
Por ti.
Y también por mí.
Ese día te hice canción
y no he podido volver a cantarla.
Está encerrada en mi memoria
para cuando se me haga duro
vivir.
Porque así, 
en un día feo,
te recordaré.
Y engañaré a mi mente
que pensará
que es un día bonito.
Y lo transformará,
cómo hacías tú.
He tenido que acostumbrarme
a hacer cosas por mí misma
que aprendí a no hacer
porque siempre estabas tú.
Llenar mis vacíos
no fue tan fácil
pero sólo podía hacerlo
a mi manera.
Y, en cada uno de ellos,
poner un poco de ti, 
para no perderte de todo.
Quizás porque pude vivirte más
y no lo hice.
Porque pudiste vivir más
y no lo hiciste.
Y en cada vacío
que ayudas a llenar,
vivirás un poco más 
toda la vida
mientras siga caminando
cómo habrías querido tú.
Me enseñaste a crear puentes
y mereces que todos ellos
lleven tu nombre
aunque ya no lo puedas ver.

Camino, que no es poco.

No sé a dónde va la vida
pero va.
Que me proteja la naturaleza
que bastante le he ofrecido.
Dejé mi ego
y mi orgullo
a la sombra de una palmera.
Encendí un incienso de paz
y prometí dar un poco de guerra.

No se a dónde
pero voy.
Todavía ando,
que no es poco.
Me acompaña esta libreta,
un par de fotos
y un "quérote"
que suena a casa.
Y sólo espero que el universo
me cuide.
Que le dejé de pedir señales
porque ahora ya las veo.
Tengo la vista más clara
que nunca.
La tormenta tiene ahora que ser calma
en tiempos en que la calma es tormenta.

Y no sé a dónde
pero estoy yendo.
Apurando entre la gente,
solitaria sin quererlo,
profunda cuando siento
porque así me hicieron.
Y prometí no ser eso
pero no puedo ser más
que un puzzle de lo que me ha pasado.

Y qué bien si,
hasta lo malo,
ha sido lo mejor.