El tiempo pasa.
Es algo de lo que todos
y todas
somos conscientes.
Que el tiempo pase
sólo implica una cosa;
cambios.
Cambios en la vida
en general.
Cambios en el corazón
y en la cabeza,
en los sentimientos,
en las reacciones,
en las ideas,
en lo que creemos,
en lo que odiamos,
en lo que queremos
y, sobre todo,
en lo que soñamos.
Siempre diré
que lo que diferencia al ser humano
del resto del universo,
es la capacidad de soñar.
Y eso nos hace libres,
al menos por dentro.
Ahora estás aquí
y, en un milisegundo,
estás en otra parte
a bordo de un sueño.
Por eso es curioso
cuando los sueños cambian.
Soñar es como encender tu motor,
y cuando cambias de combustible...
De repente es raro.
Todo es extraño,
como que lo que antes encajaba
ya no encaja.
Todo estaba ordenado en tu vida
y de un momento para otro
hay un completo desastre.
Pero, repito,
son consecuencias
del paso del tiempo.
Lo bueno que tienen los sueños
es que algunos están ocultos.
Esos nunca cambian;
no puedes cambiarlos
si no sabes que los tienes.
Y, cuando los descubres,
son tan fuertes
y están tan acostumbrados a resistir,
que es imposible deshacerte de ellos.
El tiempo ha dejado muchas secuelas en mí,
cambió muchos sueños,
me hizo tomar el timón y cambiar el rumbo,
que llevaba completamente equivocado.
Pero, al final, descubrí un sueño oculto,
que sé que no va a cambiar.
Hoy tengo claro,
clarísimo,
que tengo sueños demasiado grandes,
a veces hasta me asustan.
También tengo claro
que los voy a cumplir.
Lo tengo muy claro.
Tengo claro que mis sueños
incluyen distancia,
tiempo,
esfuerzo,
irme
y llegar.
Tengo claro que mis sueños
incluyen, muchas veces,
soledad.
Al menos física.
No sé cuáles son vuestros sueños,
pero mis sueños incluyen
que los cumpláis.
Tengo clarísimo
que daría muchos de mis sueños
para que cumplieseis los vuestros,
y veros, a pesar de todo,
sonreír,
pero esa sonrisa sincera
que merecéis,
no esas sonrisas de mierda
que os saca cualquier imbécil
que no os merece.
Claramente mis sueños incluyen
veros en veinte años
sin remordimientos,
sabiendo que habéis vivido
y no sólo existido,
que habéis amado
y no sólo deseado,
que os habéis apasionado
y no sólo encaprichado,
que habéis sentido
y no sólo pensado.
Mis sueños, obviamente,
incluyen saber que sois felices.
Porque mi sueño oculto,
el que cambió la mitad de los demás,
es que pase el tiempo que pase,
cambien los sueños que cambien,
el mundo siga girando a nuestro favor,
que el centro de la tierra tire de mis pies.
Que una fuerza me arrastre
hasta traerme al lugar
que no es ninguna parte
pero es dónde quiero estar...
con vosotras, como siempre.
Que empiece a actuar la gravedad.
sábado, 17 de junio de 2017
martes, 6 de junio de 2017
Llegar.
Para Ari, porque yo también sé lo que es llegar.
Sé que es duro y será complicado,
que las despedidas duelen
y la impotencia de estar lejos de los tuyos
sin ser capaz de cambiarlo
es de los peores sentimientos.
Sé que te sentirás extraña,
soñarás despierta,
llorarás en silencio justo antes de dormir
y no querrás ayuda ni consejos de nadie.
Sé que sabrás lo que es soledad,
lo que es rechazo
y lo duro que es sentir que no alcanzas nunca el punto
de ser una más.
Sé que tienes ganas,
pero tratarán de derrumbarte;
que sueñas alto,
pero te harán volar bajo;
que no entenderás,
que te decepcionarán,
que querrás tirar todo por la borda,
que sentirás que no ha valido la pena.
Pero, en ir y venir soy experta,
y créeme: siempre la vale.
Sé que la vida es hermosa,
pero también puede ser muy perra,
que no todo sale siempre según lo planeado,
que no siempre
depende
de ti.
Sé que te caerás,
que tropezarás,
pero nunca,
(y lee bien)
nunca,
perderás.
Porque las personas como tú,
las de alma fuerte,
unas veces ganan
y otras aprenden.
Y también sé que cuando esto pase,
en los días en los que te toque aprender
a poner luz en un mundo negro,
yo seré tu apoyo,
tu abrigo,
tu hogar.
Sé lo dificil que es marcharse
y lo imposible que es llegar.
Por eso quiero que sepas
que allá dónde esté yo
tendrás con quién contar.
Que allá dónde estés tú,
te iré a buscar,
y estaré ahí.
Sin nada que pedir,
a veces sin nada que dar,
pero ahí.
Que no seré capaz de matar a todos los gigantes
que intenten pisarte,
pero,
desde luego,
te ayudaré a hacer fuerza para evitar el pisotón,
hasta que se rindan.
Porque lo haría con cualquiera,
pero esta vez es diferente.
pero esta vez es diferente.
Por primera vez,
siento que la sangre tira...
y quiero ser familia.
y quiero ser familia.
sábado, 27 de mayo de 2017
Último baile.
Pasaste desapercibido
entre las sombras de la primera noche,
entre vinos y cervezas.
No quise cruzar miradas
sin que antes te enredaras en mi pelo,
pues es difícil quedarte hipnotizada ante unos ojos
que después no te miren por siempre
porque son libres de escapar y,
de hecho,
sabes que lo harán.
Antes de que pudiera fallarme el plan
que aún no había puesto en práctica,
preferí entrar en terreno seguro.
Conseguí que me buscaras
entre miles de faldas
hasta darte cuenta de que yo no llevo una
y de que a mí no se me encuentra mirando desde abajo
sino buscando escuchar mi risa
entre los ensordecedores sonidos
de cualquier noche en una degenerada ciudad universitaria.
Preferí asegurarme
de que te ardía el pecho
con sólo ver a alguien con una mano en mi cadera,
con ver que el último de mis bailes
antes de que amaneciese
no te pertenecía a ti.
Y ver que,
por una vez,
no eras tú el jugador:
eras el naipe.
Tantos como tú que ganaron
dejando algo roto
que aún siento a veces.
Como un vacío que me arrastra hacia otro.
Como una sensación
de que me voy a caer
cada vez que intente subir
aunque sea un peldaño.
Y tú llegaste anunciando mi tropiezo,
no podía ser tan sorda.
Esta vez me tocaba ganar a mí.
El miedo es que derrumbándote a ti
me estoy derrumbando a mí,
a las mismas ganas,
a los mismos gestos,
al mismo deseo de ganar por una vez
que tú conseguiste llevar a cabo
y yo nunca me atreví.
Somos demasiado idénticos
como para permitirme hacerte daño
sin que me duela a mí la herida.
Un pasado que parece traspasado
desde un lienzo
hasta el otro.
La misma falta de amor
que a mí me llevó a darlo
y a ti a robárselo
a quién se te puso por delante.
Teníamos que encontrar a alguien
que nos hiciese reflejarnos cuál espejo
para cambiar los papeles.
Me diste ganas de ganar
y yo a ti de rendirte,
de una vez por todas.
Pero, no podemos engañarnos,
si algo tenemos en común
es que nos rompieron tanto por dentro
que nos encanta el desastre.
Lo estamos buscando y,
aunque no quiero anticipar acontecimientos,
mejor estar todos atentos
porque llega un cataclismo.
entre las sombras de la primera noche,
entre vinos y cervezas.
No quise cruzar miradas
sin que antes te enredaras en mi pelo,
pues es difícil quedarte hipnotizada ante unos ojos
que después no te miren por siempre
porque son libres de escapar y,
de hecho,
sabes que lo harán.
Antes de que pudiera fallarme el plan
que aún no había puesto en práctica,
preferí entrar en terreno seguro.
Conseguí que me buscaras
entre miles de faldas
hasta darte cuenta de que yo no llevo una
y de que a mí no se me encuentra mirando desde abajo
sino buscando escuchar mi risa
entre los ensordecedores sonidos
de cualquier noche en una degenerada ciudad universitaria.
Preferí asegurarme
de que te ardía el pecho
con sólo ver a alguien con una mano en mi cadera,
con ver que el último de mis bailes
antes de que amaneciese
no te pertenecía a ti.
Y ver que,
por una vez,
no eras tú el jugador:
eras el naipe.
Tantos como tú que ganaron
dejando algo roto
que aún siento a veces.
Como un vacío que me arrastra hacia otro.
Como una sensación
de que me voy a caer
cada vez que intente subir
aunque sea un peldaño.
Y tú llegaste anunciando mi tropiezo,
no podía ser tan sorda.
Esta vez me tocaba ganar a mí.
El miedo es que derrumbándote a ti
me estoy derrumbando a mí,
a las mismas ganas,
a los mismos gestos,
al mismo deseo de ganar por una vez
que tú conseguiste llevar a cabo
y yo nunca me atreví.
Somos demasiado idénticos
como para permitirme hacerte daño
sin que me duela a mí la herida.
Un pasado que parece traspasado
desde un lienzo
hasta el otro.
La misma falta de amor
que a mí me llevó a darlo
y a ti a robárselo
a quién se te puso por delante.
Teníamos que encontrar a alguien
que nos hiciese reflejarnos cuál espejo
para cambiar los papeles.
Me diste ganas de ganar
y yo a ti de rendirte,
de una vez por todas.
Pero, no podemos engañarnos,
si algo tenemos en común
es que nos rompieron tanto por dentro
que nos encanta el desastre.
Lo estamos buscando y,
aunque no quiero anticipar acontecimientos,
mejor estar todos atentos
porque llega un cataclismo.
martes, 16 de mayo de 2017
Gracias... por lo que has hecho conmigo.
En lo malo,
en lo bueno,
en lo difícil,
en lo certero.
En lo imposible
que haces posible,
cuando aterrizo
y cuando vuelo.
En lo predecible,
lo tangible,
lo invisible
y lo nuevo.
En tus palabras,
en lo que entrego,
cuando mi ser
es tu reflejo.
En la locura,
la cordura,
lo complicado
y lo pequeño.
Lo sorprendente,
lo impresionante,
lo que no acepto
y lo que sueño.
En tus planes,
cuando me niego,
cuando me alejo
y cuando me acerco.
En lo oscuro,
en lo incierto,
los días tristes
y los que celebro.
En la amistad,
en el amor,
en las calles
y en los encuentros.
Lo que digo,
lo que canto,
en lo que escribo
y lo que no cuento.
En los errores,
los fracasos,
mis éxitos
y mis miedos.
Cuando no siento,
cuando no escucho,
cuando me evado
y cuando no puedo.
Mis adicciones,
lo que me llena,
setenta perdones,
siete comienzos.
En lo que vendrá,
lo que se ha ido,
lo que sucede
y lo que me invento.
En cada risa,
en cada llanto,
en lo que quieres
y en lo que quiero,
En cada gracias
que te he gritado
por llamarme
si no te encuentro.
En las horas que pasan
los días que acaban
los que elijo perderme
y no permanezco.
En los que te miro
y sigues ahí
pues no te has ido
en ningún momento.
En todo esto
es que te siento,
hoy vivo por dentro
y te lo agradezco.
en lo bueno,
en lo difícil,
en lo certero.
En lo imposible
que haces posible,
cuando aterrizo
y cuando vuelo.
En lo predecible,
lo tangible,
lo invisible
y lo nuevo.
En tus palabras,
en lo que entrego,
cuando mi ser
es tu reflejo.
En la locura,
la cordura,
lo complicado
y lo pequeño.
Lo sorprendente,
lo impresionante,
lo que no acepto
y lo que sueño.
En tus planes,
cuando me niego,
cuando me alejo
y cuando me acerco.
En lo oscuro,
en lo incierto,
los días tristes
y los que celebro.
En la amistad,
en el amor,
en las calles
y en los encuentros.
Lo que digo,
lo que canto,
en lo que escribo
y lo que no cuento.
En los errores,
los fracasos,
mis éxitos
y mis miedos.
Cuando no siento,
cuando no escucho,
cuando me evado
y cuando no puedo.
Mis adicciones,
lo que me llena,
setenta perdones,
siete comienzos.
En lo que vendrá,
lo que se ha ido,
lo que sucede
y lo que me invento.
En cada risa,
en cada llanto,
en lo que quieres
y en lo que quiero,
En cada gracias
que te he gritado
por llamarme
si no te encuentro.
En las horas que pasan
los días que acaban
los que elijo perderme
y no permanezco.
En los que te miro
y sigues ahí
pues no te has ido
en ningún momento.
En todo esto
es que te siento,
hoy vivo por dentro
y te lo agradezco.
sábado, 29 de abril de 2017
¿Por dónde empiezo?
Sé qué quiero decir
pero no cómo
sin dañar esos mismos corazones
que han dañado el mío primero,
porque no quiero ser como ellos.
Disfracé mis miedos
con un par de bromas
y muchas carcajadas
que sólo aquellos que conocen mi interior
saben que estaban vacías.
Todo el mundo cree que me conoce
porque conocen mi primera capa
a la perfección.
La mejor estrategia,
utilizando la razón,
para evitar que intenten buscar otras puertas
hacia mi centro
que me cuesta no abrir
cuando tocan el timbre.
Por eso las mantengo bien escondidas
esperando que nadie llegue.
Cubrí con falsa alegría
la tristeza de sentir
que nunca volvería a sentirme plena.
Hasta que llegan ciertas noches
en las que todo explota,
y la lluvia limpia ese maquillaje
dejando ver que en verdad
mis ojos están inundándose
mientras mi sonrisa
pretende salir a flote.
Y cómo quieren que confíe
en que todo va a ir bien,
si quién me dijo esa frase cien veces
desapareció en cuánto se dio cuenta
que conmigo no siempre es así,
en vez de seguir luchando para cambiarlo.
Si sólo había una persona
que sabía dónde encontrarme
cuando el mundo se me caía encima
y un día dejó que me aplastara,
me dejó peleando sola
en un lugar dónde nadie más me iba a buscar
si moría en la batalla.
Si llamé familia
a una que no era de sangre
y acabaron llenándose de ella
tras clavarme varias puñaladas en la espalda
fingiendo que me la estaban cuidando.
Si tantos otros me han prometido
lo que sabían desde un principio
que no eran capaces de cumplir.
Lo siento si hoy no creo,
lo siento si hoy no confío,
lo siento si prefiero pelear sola,
y lo siento si mi corazón
está sellado
a cal y canto.
Llega un momento
en el que ya no puedes permitir
que alguien más te vuelva a fallar.
Llega un momento
en el que encuentras lo que quieres
y huyes por miedo a perderlo
otra vez.
Llega un momento
en el que sólo quedas tú
tus letras
y un pasado
que se pasa el día
cerrándole puertas al futuro.
viernes, 21 de abril de 2017
Colores del cielo.
Escuché a Xoel cantándole a mi memoria, mientras observaba las calles que tanto me había imaginando y ahora superaban expectativas a saltos.
Dancé en mi interior entre mis cruces y mis apoyos, levanté la voz para cantarle a las flores que adornaban cada uno de mis pasos.
Descubrí nuevos corazones ardientes en cada esquina, la amabilidad de la gente, la amplitud del alma de los habitantes de aquel lugar. La tierra nueva que me daba la bienvenida, mientras veía a los viejos amigos llenar mi vida una vez más.
Me desperté viviendo un sueño de repente hecho realidad, ojos que reflejaban el color del mate, nervios, decepciones, risas, cosquilleos y sorpresas que recorren la ciudad.
Amigos del azar y casados con la aventura, mil viajeros se habían aventurado antes a descubrir su encanto y, ahora, entiendo por qué todos quedaban enamorados de este.
Nosotros también quisimos hacer de aquel hogar el nuestro, proclamándonos dueños de su alegría. Forasteros, rompiendo esquemas entre los parques y acabando tirando al agua nuestras penas en aquel puerto sin fin.
Y el obelisco presenciaba, desde las nubes, tristes despedidas que no dejaban buen sabor, escapadas impulsivas que le daban final a historias pasadas.
Temí quedarme enamorada de ese color tan especial que transmitía su cielo, mezclando un azul vivo y un blanco sedante sacados de una bandera.
Finalmente, me enamoré, pero de la simple idea de seguir viajando el mundo para poder contarle a cada piedra del camino cosas como esa. Cosas como lo bello que es Buenos Aires.
Dancé en mi interior entre mis cruces y mis apoyos, levanté la voz para cantarle a las flores que adornaban cada uno de mis pasos.
Descubrí nuevos corazones ardientes en cada esquina, la amabilidad de la gente, la amplitud del alma de los habitantes de aquel lugar. La tierra nueva que me daba la bienvenida, mientras veía a los viejos amigos llenar mi vida una vez más.
Me desperté viviendo un sueño de repente hecho realidad, ojos que reflejaban el color del mate, nervios, decepciones, risas, cosquilleos y sorpresas que recorren la ciudad.
Amigos del azar y casados con la aventura, mil viajeros se habían aventurado antes a descubrir su encanto y, ahora, entiendo por qué todos quedaban enamorados de este.
Nosotros también quisimos hacer de aquel hogar el nuestro, proclamándonos dueños de su alegría. Forasteros, rompiendo esquemas entre los parques y acabando tirando al agua nuestras penas en aquel puerto sin fin.
Y el obelisco presenciaba, desde las nubes, tristes despedidas que no dejaban buen sabor, escapadas impulsivas que le daban final a historias pasadas.
Temí quedarme enamorada de ese color tan especial que transmitía su cielo, mezclando un azul vivo y un blanco sedante sacados de una bandera.
Finalmente, me enamoré, pero de la simple idea de seguir viajando el mundo para poder contarle a cada piedra del camino cosas como esa. Cosas como lo bello que es Buenos Aires.
martes, 11 de abril de 2017
Días.
Hay días en los que la calma
llega entre la tempestad
creando una falsa esperanza
de que esta está cesando
aunque al final
siempre vuelva.
Hay días más grises que negros
y menos blancos que grises
que dejan entrever que, a veces,
no todo es blanco o negro.
Aunque, a decir verdad,
el gris tampoco es lo suficientemente positivo
como para conformarnos
con que sea el punto intermedio.
Hay días llenos de alcohol
que cura heridas de bala
dejadas por la incertidumbre
de no saber si estás dónde debes,
si hacer lo que se espera
y si sientes lo que mereces.
Días que llevan a otra incertidumbre,
después de tres o cuatro copas,
de no saber si debes estar
o si todavía esperan que hagas,
y si mereces que sientan
el mínimo cosquilleo por ti.
Hay días que te recuerdo
y otros que sólo eres
un corte mal curado,
una espada manchada de olvidos,
otra razón para no recordarte.
Hay días que no conocen los sueños
y otros que los hacen realidad.
Todo depende de si decides creerte
que te levantaste con el pie derecho
o darte cuenta de que,
por mucho pie izquierdo que apoyes,
si las cosas tenían que salir mal,
iban a salir mal de todas formas.
Hay días que deberían pasar volando,
aunque duela que se vaya acortando la vida tan rápido,
y días que tampoco duran para siempre,
pero cuyo recuerdo es completamente eterno,
ya que paralizan el tiempo,
hasta que llegan esos primeros días
que abren las alas y el reloj empieza a acelerar.
Y hay días que sólo escribes sobre otros días.
También es cierto que
hay días
que son para escribirlos.
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